El pH de la piel probablemente te suena. Lo has visto impreso en etiquetas, lo has escuchado en boca de expertos y quizá lo has pasado por alto más veces de las que recuerdas. Error comprensible. Porque ese número pequeño, casi tímido, no parece pedir protagonismo. Pero lo tiene. Y mucho. Decide cómo se comporta tu piel, cómo envejece y cómo reacciona a todo lo que le aplicas cada día.
Entre un pH 5 y un pH 10 no hay solo una cifra distinta: hay una piel que funciona y otra que lucha. Una piel que se siente en calma o en conflicto, que se defiende sola o empieza a enviar señales de auxilio. Es una historia de equilibrio, de defensa y de salud cutánea. Entenderla es entender tu piel.
Hoy te contamos esa historia y todo lo que necesitas saber sobre ella.
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First things first: entendamos el pH de la piel
Bien, para entender el pH de la piel, primero hay que entender a la piel misma. La piel es el órgano más grande del cuerpo humano y también uno de los más activos. En una persona adulta puede llegar a cubrir cerca de 2 metros cuadrados y representa alrededor del 15 % del peso corporal.
Pero más allá de las cifras, la piel es un sistema vivo, complejo y en constante diálogo con el entorno. Todo lo que ocurre en su superficie, desde la hidratación hasta la defensa frente a bacterias, responde a equilibrios muy precisos.
Uno de ellos es el pH, un término que viene de potential of hydrogen o potencial de hidrógeno. En términos simples, el pH es una medida que indica cuán ácida o alcalina es una sustancia. Se expresa en una escala que va del 0 al 14, donde los valores bajos son más ácidos, los altos más alcalinos y el 7 representa un punto neutro.

¿De cuánto es el pH de la piel?
En la piel, este valor no es neutro. De forma natural, la superficie cutánea mantiene un pH ligeramente ácido, que se sitúa aproximadamente entre 4,5 y 5,5. Esta acidez no es casual ni caprichosa: es intencional. Forma parte de su sistema de defensa, ayuda a preservar la barrera cutánea y permite que la piel funcione como debe.
Analicemos el pH: una escala del 0 al 14
Como ya hemos visto, el pH se expresa en una escala numérica que va del 0 al 14 y sirve para indicar el grado de acidez o alcalinidad de una sustancia. Cuanto más bajo es el número, más ácida es; cuanto más alto, más básico.
Esta escala no es lineal, sino logarítmica. Esto significa que cada número representa un cambio significativo en el equilibrio químico. En la práctica, un pH 4 no es solo “un poco” más ácido que un pH 5, sino notablemente más ácido. Por eso, pequeñas variaciones en el pH pueden tener un impacto real en cómo se comporta la piel.
En términos generales, el agua pura se sitúa en un pH 7. Sustancias como el limón o el vinagre se encuentran en el extremo ácido de la escala, mientras que productos como el jabón tradicional o algunos detergentes se desplazan hacia valores más alcalinos.

La piel, isdinlover, no pertenece a ninguno de estos extremos: se mueve cómodamente en un terreno ligeramente ácido. Y por eso, comprender esta escala es clave para entender por qué ciertos productos respetan la piel y otros la alteran.
El pH es solo el principio: tu tipo de piel y tu fototipo completan la historia.
Cómo se relaciona cada pH con los distintos tipos de piel
El pH de la piel no es un número fijo ni universal. Es una señal, una pista de cómo está funcionando la piel en ese momento. Dentro del rango saludable, pequeñas variaciones pueden marcar grandes diferencias en cómo se siente, cómo reacciona y cómo se muestra. Por eso una misma rutina no funciona igual para todas las pieles.
1. pH equilibrado (≈ 4,5–5,5): cuando la piel fluye
Este es el escenario ideal. La piel se mueve en su terreno natural, ligeramente ácido, y todo funciona como debería. La barrera cutánea está intacta, la hidratación se mantiene y la microbiota protectora hace su trabajo en silencio.

Es el pH típico de una piel normal o estable: se siente cómoda, flexible, sin sobresaltos. No hay drama, no hay señales de alerta. Es esa piel que no pide atención constante porque, simplemente, está en equilibrio.
2. pH elevado (≈ 6–7): cuando la piel empieza a avisar
Cuando el pH se acerca al neutro, la piel se vuelve más vulnerable. La barrera pierde eficacia y empiezan a aparecer pequeñas señales: tirantez, sensibilidad, incomodidad. Es frecuente en pieles secas o reactivas, que ya no se defienden igual frente al entorno.

En este punto, la piel está avisando. Reacciona más, se deshidrata con facilidad y necesita rutinas que la ayuden a volver a su zona de confort.
3. pH alcalino (>7): cuando la piel entra en conflicto
Cuando el pH se desplaza hacia valores claramente alcalinos, el desequilibrio se hace evidente. La piel pierde agua, la microbiota se altera y el entorno se vuelve propicio para la inflamación y los brotes.

Aquí es donde suelen aparecer pieles con acné, sensibilidad persistente o reacciones recurrentes. No es solo una cuestión de grasa o imperfecciones, sino de una piel que ha perdido su equilibrio natural y lucha por recuperarlo.
En el extremo opuesto, un pH demasiado ácido (menos común, pero posible) también puede generar incomodidad en pieles muy reactivas, con enrojecimiento o sensación de irritación.
Cómo cuidar el pH de tu piel (y mantener su equilibrio)

Cuidar el pH de la piel no exige rutinas infinitas ni de estanterías llenas de productos. Solo son necesarios unos pocos gestos diarios que repites casi sin pensar:
- El primer paso está en la limpieza. Los limpiadores demasiado agresivos o con pH alcalino pueden alterar el manto ácido en cuestión de segundos. Optar por fórmulas suaves e hidratantes ayuda a limpiar sin desproteger. Recuerda, tu piel debería sentirse limpia, nunca tirante.
- La hidratación es el segundo pilar. Una piel bien hidratada mantiene mejor su pH natural. Ingredientes como la urea o el ácido hialurónico refuerzan la barrera cutánea y evitan la pérdida de agua, creando el entorno adecuado para que la piel se autorregule.
- Las rutinas demasiado intensas pueden ser un enemigo silencioso del pH. El uso excesivo de exfoliantes, ácidos o productos secantes puede elevar el pH y debilitar la barrera, incluso en pieles grasas o con acné. Menos capas, mejor seleccionadas, suele traducirse en una piel más estable.
Cuidar el pH de la piel no es corregirla, es escucharla. Prestar atención a esas pequeñas señales diarias y entender que el equilibrio no se fuerza, se acompaña.
Dudas frecuentes sobre el pH de la piel
¿Cómo sé si el pH de mi piel está alterado?
Si al lavarte el rostro notas la piel tirante, más sensible de lo habitual o incómoda durante el día, es posible que su pH esté desequilibrado. ¡Esto ocurre cuando la barrera cutánea se debilita y la piel pierde su capacidad natural de protegerse y retener la hidratación!
¿El pH cambia según la edad o la estación del año?
Sí. Con la edad, el pH tiende a elevarse ligeramente, y factores como el frío, el sol o la contaminación también pueden alterarlo. Por eso, la piel necesita cuidados distintos a lo largo del tiempo y de las estaciones.
¿Puedo recuperar el pH de mi piel si está alterado?
En muchos casos, sí. Cambiar a limpiadores suaves, mantener una buena hidratación y simplificar la rutina suele ayudar a que la piel recupere su equilibrio de forma progresiva. Si las molestias persisten o aparecen brotes, irritación o inflamación, lo mejor es acudir a un dermatólogo.

Ahora que entiendes qué es el pH de tu piel y por qué importa, el siguiente paso es natural. Mirarla con más atención, tratarla con más suavidad y elegir mejor lo que le das. Menos correcciones impulsivas, más decisiones conscientes.
Escucha tu piel cada día. Elige productos suaves, bien formulados y con ingredientes que respeten su equilibrio natural. Porque la historia de tu piel se escribe a diario, y cada decisión, por pequeña que parezca, forma parte de ella.
Artículo escrito y revisado por:
Belinda es periodista y copywriter creativa. Tras años de experiencia, decidió fusionar sus habilidades de escritura con su amor por el skincare, convirtiéndose en una especialista en la materia. ¿Su imprescindible? Un buen bálsamo de labios.

