En un entorno que avanza a toda velocidad y que nos empuja a ir cada vez más acelerados, esta filosofía nos invita a entender el autocuidado de una forma más pausada y más conectada con nuestras propias necesidades.
La flacidez no aparece de un día para otro, y tampoco desaparece por arte de magia. El verano puede ser un buen momento para reconectar con tu piel, observarla sin juicio y empezar a cuidarla con más intención (desde el cariño, no desde la exigencia).
El sol nos encanta, nos llena de energía y felicidad, pero puede volverse un enemigo si no lo disfrutamos con precaución. ¿Sabías que la radiación solar puede ser la chispa que desata los radicales libres en tu cuerpo?



